Menú llengües


La imagen en conflicto

DIÁLOGO 09


Pàgines


  • Ignacio Ramonet
  • 01.05.09 | 11.04

Entre la compasión y la huella

Me gustaría prolongar la última intervención de Clemente Bernad quien, entre otras consideraciones muy pertinentes, nos recordaba la importancia del pintor Gustave Courbet en la definición del realismo moderno y la de la Comuna de París como periodo en el que –treinta años después de su invención– la fotografía conoce una explosión de experiencias en las que ya se plantean la mayoría de las cuestiones que debatimos hoy.

A este respecto, acabo de visitar, en la Biblioteca Nacional de París, una apasionante  exposición de fotos titulada “Controversias”, que hubiese podido titularse como este Triálogo con Baeza y Bernad, “Imágenes en conflicto”; y en el caso de esta exposición, “conflicto jurídico”, pues se trata de imágenes que, a lo largo de la historia de la fotografía, dieron lugar a quejas, pleitos y juicios, y que por consiguiente crearon jurisprudencia.

Una de las imágenes presentadas concierne precisamente a Courbet y a la Comuna.

courbet

Es del fotógrafo Bruno Braquehais y se utilizó en el juicio contra Courbet (miembro eminente de la Comuna). El pintor, pacifista y libertario, había pedido, al principio de la insurrección de 1871, que se destruyera la columna Vendôme –edificada por Napoleón, cuya estatua abatida se ve en la foto– por considerarla un “monumento a la gloria de la guerra y de la violencia”. La columna fue efectivamente tumbada por los comuneros. Después de la represión sangrienta de la Comuna, el Estado acusó a Courbet (uno de los pintores más célebres de su tiempo) de ser el responsable de esa destrucción, y no sólo a nivel intelectual, sino también de haber participado personalmente en la demolición. Courbet lo negó. Hubo un juicio, y el Estado esgrimió, como prueba definitiva de la participación del pintor en el destrozo, esta imagen. En ella, según el fiscal, aparece Courbet (el noveno, a partir del borde derecho de la imagen, en segundo plano, con imponente barba y képis) en el lugar del crimen. Aunque el pintor siguió negándolo, aunque no existe ninguna otra prueba gráfica de su presencia allí y aunque el hecho de estar presente en el lugar de los hechos no supone forzosamente culpabilidad,  Courbet fue condenado a pagar el costo de la reconstrucción de la columna, lo cual lo arruinó, tuvo que exiliarse en Suiza y al poco tiempo murió.

Se puede pues decir que esta imagen fotográfica –utilizada como huella del crimen, como testimonio auténtico, como prueba evidente– mató al inventor del realismo en pintura.

La otra reflexión de Clemente Bernad hace alusión a los premios Ortega y Gasset de periodismo que otorga el diario El País. Él se refería a la tomada por Pablo Torres Guerrero a uno de los trenes que explosionaron el 11-M en Madrid, pero yo me quisiera referir a la que ha recibido el premio “a la mejor información gráfica” concedida hace unos días a Adolfo Suárez Illana por una foto de su padre paseando con el rey Juan Carlos.

rey-suarez

La concesión del premio a esta fotografía está suscitando polémica. Nosotros podríamos decir que confirma varios de los postulados que han surgido en nuestro triálogo. Por ejemplo, que los media le están dando cada vez más valor a las imágenes de los aficionados, simplemente por el hecho de que “estaban allí” en el momento adecuado, cuando había que estar.

En este caso preciso se ha falseado el juego, pues sabemos que a los reporteros gráficos profesionales se les prohibió estar presentes en ese momento (el rey le entregaba una importante condecoración a Suárez en el domicilio particular de éste).

Por otra parte, si no se la añade un complemento semántico indispensable, esta imagen es muy poco significativa en sí misma. Para un eventual lector de Tasmania que ignora que el personaje de la izquierda es el rey de España y que el de la derecha es un antiguo Presidente de Gobierno conservador hoy afectado de demencia senil, la foto dice poco. Es un simple cliché de familia, tomado por el hijo de uno de los fotografiados un día de sol en el jardín de casa.

O sea que la principal información de la foto la tiene que tener el que ve la imagen, porque no la da la imagen misma. Lo cual no deja de ser un problema. Aunque muchos no lo ven así; por ejemplo, un comentarista explica que su “importancia informativa-documental va más allá. Estos dos gobernantes realizaron la transición a la democracia en España. Pasean ya mayores, años después, Adolfo Suárez enfermo por el Alzheimer, una enfermedad que te impide recordar… Documento histórico que señala el momento al final del camino de un político, de un personaje decisivo del siglo XX en España.” (http://blogs.publico.es/mesadeluz/772/suarez-y-los-premios-ortega-y-gasset).

Pero si necesito las muletas de un largo título y de un comentario minucioso para entender lo que veo es que la imagen es muy pobre en información, y su sentido se extinguirá en poco tiempo. Compárese, por ejemplo, con esta foto de Kevin Carter cuya fuerza significativa es tal (sin necesitar saber cómo se llama la niña, ni dónde ocurre, ni cuándo, ni por qué motivo) que levantó también una polémica y su autor acabó suicidándose.

carter

Las dos imágenes –la de Suárez Illana y la de Carter– transmiten compasión. Pero mientras el segundo lo asume para movilizar al lector en favor de campañas contra el hambre, el primero trata de disimularlo, ya que nada en la imagen delata que el personaje protegido, amparado por el brazo protector del otro más alto que lo domina, sufre de Alzheimer. Esta fotografía mantiene pues la idea (cada vez más denunciada por escandalosa) de que el Alzheimer es una tara vergonzosa, una fatalidad, una cruz con la que hay que cargar en silencio, una sanción del destino contra alguna culpabilidad oculta, un secreto de familia. En suma, un bochorno o una obscenidad que, por decencia y dignidad, no se debe mostrar de frente. Por eso el fotógrafo no le planta cara al problema y representa a los personajes de espaldas.

Que se haya premiado esta fotografía tan insignificante da idea de la confusión mental dominante en materia de imágenes. Y justifica, si necesario fuese, nuestra reflexión y nuestro triálogo.  

Etiquetas: , , ,

2 comentarios a l'entrada “Entre la compasión y la huella”

  1. A.P. ha dit:

    Partiendo de que efectivamente la foto de Suárez Illana no dice nada, salvo a su entorno familiar y mediático (y previa explicación), confrontarla con una foto tan explícita como la de Cárter se me antoja un poco tramposo. Y no olvidemos que la foto de Cárter necesitó muchas explicaciones, quizás demasiadas. La comparación más oportuna, me parece, habría sido con cualquiera de las múltiples fotografías de reportaje que necesitan una apoyatura explicativa para ser entendidas, una apoyatura textual o gráfica (es curioso cómo muchas fotografías necesitan para adquirir significado estar inmersas en una serie documental, -me recuerdan a esos fotogramas que exhibían las vitrinas de los cines, illo tempore, y con los que mi imaginación, desprovista de bolsillo, construía una historia que quizás nunca viera- , o tener un título que condicione la mirada).

    Por otro lado, se me ocurre alguna pregunta. Es cierto que los protagonistas de algunos eventos, públicos o privados, tienen, cada vez con más frecuencia, la tentación (y el deseo) de controlar la imagen que proyectan. En el caso de los políticos en ejercicio, ya sabemos por qué. En el caso particular de Suárez, y proyectándolo a su condición actual de enfermo de Alzheimer, habría que preguntarse por qué una familia se niega a que los reporteros entren en su espacio privado a apuntar con sus objetivos, y, después de analizar las motivaciones de esa familia, volver la vista a los reporteros (prensa gráfica en general) y preguntarse qué grado de responsabilidad tienen éstos en esa decisión. Por otro lado, y tiene relación con lo anterior, he leído en algún sitio, que a la hora de plantear un reportaje sobre la crisis habría que considerar fijar como población-diana a los de economía más débil o inmigrantes, con el argumento de que su nivel de pudor es menor, y por tanto son más accesibles. No es argumento baladí a la hora de plantear un reportaje el barajar la accesibilidad del sujeto, pero la elección de ese sujeto revela mucho sobre la conciencia del fotógrafo y su disposición a dejarse llevar por la facilidad que supone un sujeto exhibicionista o poco pudoroso (¿cuánto hay en esto de “conciencia de clase” en sujeto fotografiado y fotógrafo?).

    Por último, y perdón por la verborrea, queda muy poético decir que una fotografía mató a Courbet, pero sería más preciso decir que una fotografía le jodió los últimos años de vida, porque matar, lo que se dice matar, lo mató una cirrosis, consecuencia de su afición a las bebidas espiritosas. Me parece más justo para él, puesto que puso dedicación y empeño en ello.

  2. Abel Salinas ha dit:

    Me interesa señor Ramonet esta atribución de responsabilidad que le da usted al lector. La responsabilidad del observador de la fotografía de reconocer la existencia de algo anterior a esa imagen. Porque si no ninguna de las dos imágenes a las que usted hace referencia tienen ningún sentido.
    Imagínese que le enseño la foto del niño de Carter a alguien que no tiene esa realidad cotidiana como bagaje contextual. ¿Deconstruiría su significado?
    Porque evidentemente lo que el hijo del señor Suarez lo único que buscaba con esa fotografía era aun observador implicado si no ¿qué sentido puede tener esa fotografía? Podría ser tranquilamente dos hombres que se quieren y pasean por un parque.

    ¿Están ustedes adjudicándole a la fotografía la naturaleza de la intertextualidad? ¿La fotografía como cualquier otro texto simplemente cultural? ¿Real o virtual? Pensar en la naturaleza intertextual de la fotografía lleva al reconocimiento de quetodo fenómeno cultural está atravesado por la intertextualidad, precisamente en la medida en que todo fenómeno cultural es un texto. ¿No piensan ustedes?
    ¿Qué piensa el señor Bernad al tomar fotografías? En el acto fotográfico ¿se reconoce usted como observador implicado?¿tiene en cuenta esta naturaleza intercontextual?

Deje un comentario


Una producció de KRTU, dins del marc SCAN 2009