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La imagen en conflicto

DIÁLOGO 09


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  • Pepe Baeza
  • 10.04.09 | 08.48

Los lugares de la fotografía documental

No paráis de abrir frentes; me parece muy bien, dejemos el mayor número posible de cuestiones planteadas y aunque no podamos llegar a concluirlas todas, habremos cumplido un servicio.

Vuestras intervenciones me sugieren algunos comentarios. Respecto a la desmaterialización de la fotografía de la que habla Ignacio: creo que lleva a ésta a realizar su destino histórico de ser una imagen con un alto potencial de circulación antes que objeto singular (o expresamente limitado en su tirada). Benjamin ya apuntaba en esa dirección e incluso creía, de forma un poco idealista, que el socialismo se realizaba  también a partir de éste proceso. Creo representar bien el espíritu de la mesa de fotografía documental de SCAN 08, integrada por Claudi Carreras, Sandra Balsells, Consuelo Bautista, Héctor Mediavilla, Silvia Omedes y yo mismo, cuando digo que a eso nos referíamos al señalar que la galería (entendida como lugar de transacción comercial vinculado al coleccionismo) no es el destino ideal de la fotografía documental. Me parece, Clemente, que decías lo mismo al apuntar al lugar caliente que espera a una parte de este tipo de fotografía cuando, voluntaria o forzadamente, está fuera de los medios. La otra parte del documentalismo, el más combativo, sencillamente casi no tiene lugares, ni calientes ni fríos. Y creo que hay que añadir, de nuevo en sintonía con tu última intervención, que lo peor que le puede pasar al documentalismo es que se deje arrastrar por los criterios del coleccionismo fotográfico en lugar de buscar en el análisis social los temas que merecen ser abordados, así como un estilo adecuado, en cada ocasión, a las características del tema y al gusto del fotógrafo, establecido desde el principio de no problematizar el acceso a lo representado.

Me sumo también incondicionalmente a desmontar de una vez por todas el tópico que denuncia Ignacio de que sin imagen no hay información. Los que confiamos en la imagen como una forma esencial del pensamiento creo que somos los primeros en rechinar los dientes cuando comprobamos la cantidad de imágenes carentes de sentido que llenan las páginas de la prensa: paradójicamente una prensa con menos fotografías sería mucho más respetuosa con la fotografía. Tal como apunta Ignacio, la imagen no puede servir para distraer los ojos y yo añadiría que mucho menos para convertirse en parche o florero, es decir, en elemento previsible y recurrente de la producción de páginas. Generar modelos de prensa que no “necesiten” la imagen y que sin embargo la incorporen con todo su valor cuando es pertinente, sigue siendo un desafío para diseñadores, fotógrafos, editores de imagen y periodistas, con el permiso de las empresas, claro.

Me parece positiva, por otra parte, una cierta cuota de contenidos visuales no informativos, siempre que se comprometan con la inteligencia y contribuyan a enseñar a mirar mejor, que es una forma de hacer mejor el mundo. Es necesario el acceso de los lectores a buenas selecciones de diferentes tipos de imagen; eso sí, clarificadas en sus estrategias y en sus finalidades.

En fin, tengo gran interés en seguir la aportación de Ignacio sobre la imagen en la vigilancia y la continuación de las reflexiones de Clemente sobre casos específicos como el que comenta. Por cierto, creo que el déficit fundamental de la foto ganadora del WPPh de este año es haberla extraído de un contexto que seguro que es más amplio que el que se muestra y que idealmente debería remontarse a las condiciones vitales de esa familia que no ha podido pagar su hipoteca. En caso contrario se convierte, efectivamente, en una versión limitada de los procedimientos de actuación de la policía. A través de estas reflexiones nos aproximamos al mismo tiempo al otro ámbito al que se refiere el título del diálogo: la representación de los conflictos a través de la fotografía. Aunque no hace falta que tomemos todavía este camino, quiero marcar ya como punto de arranque una conocida idea con la que no sé si estáis de acuerdo: “A partir de Vietnam empieza el proceso de estrangulamiento de la información visual”.

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3 comentarios a l'entrada “Los lugares de la fotografía documental”

  1. Abel Salinas ha dit:

    Hola,
    Me gustaría, a raíz de los temas tan interesantes que están sugiriendo hacerles algunas preguntas como profesionales ya que por mi distancia no podré asistir al debate
    Al señor Ramonet quería preguntarle por la consolidación del periodismo 3.0. Si realmente se está o no perdiendo el monopolio de la información. ¿es la información Democracia o es un poder?. En cuyo caso evidentemente el periodismo 3.0 o periodismo ciudadano no tendría más interés que el de la mera opinión o voyerismo ciudadano al faltarle rigor y profesionalidad. ¿Por qué tanta preocupación? Y entrando en la fotografía ¿son los medios por razones económicas los que buscan este tipo de colaboración? (ejemplo: http://news.bbc.co.uk/2/hi/talking_point/4784595.stm)
    Y al señor Bernad, primero felicitarle por su fantástico blog. Me parece uno de los pocos blogs de fotógrafos de lengua castellana con rigor e interés. Me gustaría centrándome un poco en sus opiniones que me dijese que entiende un fotógrafo como él por fotoperiodismo actualmente. Y ¿qué diferencia ve (en cuanto a la difusión y al contenido) entre la publicación de un reportaje suyo, en un medio de comunicación clásico (revista, suplemento y el mismo expuesto en las paredes de un Museo o galería? cuando lo hace, ¿su mensaje es el mismo? ¿prevé usted reacciones distintas?. ¿Qué opina usted del tema del fotógrafo ciudadano? ¿le preocupa como profesional que un periódico abra con una fotografía realizada con un celular de uno que pasaba por ahí?

    Gracias

    Abel Salinas

  2. Clemente Bernad ha dit:

    Sr. Salinas,

    Gracias por sus palabras. La verdad es que plantea cuestiones que me parecen fundamentales. Creo que el fotoperiodismo se encuentra ahora mismo en uno de los momentos cruciales de su corta historia, aunque seguramente todos sus momentos han sido cruciales, por una u otra razón. En estos momentos una de las cosas que más me preocupa del fotoperiodismo y de la fotografía documental es su lenta disolución en un magma desprovisto de responsabilidades sociales y políticas. Está claro que las nuevas tecnologías nos ofrecen constantemente territorios nuevos -aunque seguramente somos nosotros quienes se los marcamos a ellas- y que en consecuencia no hay una forma estable y duradera de mirar el mundo, pero quizás el reto sea no perder de vista que sigue habiendo algo que contar, algo que intentar comprender para mostrarlo a los demás de la mejor manera. Es difícil porque hay conceptos ligados a la concepción tradicional del reportaje y del tratamiento de lo real que se difuminan y que parecen contaminar a quien se acerca a ellos, pero sin los cuales nuestra vida pierde demasiado. Tratar con hechos y hacerlo respetándolos no sólo con una mirada rigurosa, sino también con una perspectiva determinada no significa tener que renunciar a esos hechos. Creo que hay que resistir a los cantos de sirena que intentan diluir el discurso documental en la lógica de los discursos de ficción, donde las cosas son como los autores quieren que sean. La realidad, afortunadamente, no es tan fácil de doblegar.
    Creo que las diferencias al mostrar un reportaje o una sola fotografía en soportes diferentes son enormes y afectan rotundamente a su lectura y a su significado. No debería ser ninguna novedad (aunque aún haya quienes se empecinen en lo contrario) pensar que las fotografías por sí solas son enormemente débiles y no son en absoluto elocuentes, por lo que hay que acompañarlas de un discurso eficaz que les aporte el contexto necesario para leerlas correctamente. Esa debilidad se debe en gran parte a su propia identidad como representación visual, que las hace volubles y sensibles a cualquier modificación en sus condiciones de lectura y por lo tanto muy manipulables, seguramente en mayor medida que los textos escritos. Esto se ve paradójicamente reforzado precisamente por la ingenua confianza en la tradicional seguridad con que las fotografías eran supuestamente capaces de mostrar la realidad. Y esto aún es más problemático en un contexto como el periodístico, que exige garantías de veracidad, muy lejos de otros entornos en los que no hay pactos de responsabilidad con los lectores o consumidores. De todas formas deberíamos acostumbrarnos a pensar que nuestras fotografías van a ser leídas e interpretadas de formas diversas y siempre lejanas a nuestras intenciones. Los discursos monolíticos y estables no son propios de las representaciones visuales, y tampoco de las fotografías.
    El “periodismo ciudadano” tiene muchos problemas y muchos atractivos. Quizás la veracidad sea uno de sus puntos débiles, en primer lugar porque un ciudadano en su condición de tal no tiene por qué efectuar los procesos que se le exigen a un periodista para realizar su trabajo, y también porque el acceso directo del fotógrafo a la distribución elimina cualquier comprobación, por lo que la labor de verificar la información recae directamente sobre el lector. Así, es lógico sospechar que lo que estás viendo o leyendo sea falso, incorrecto o manipulado. Sin embargo, son innegables las ventajas del flujo de información en redes, suministrada pero también sometida a una estricta vigilancia por miles de personas. Quizás este sea el momento en que cualquier contenido que se vuelca en la red es sometido de inmediato a una comprobación exhaustiva desde cualquier parte del mundo. Personalmente no me preocupa que los medios tradicionales utilicen materiales proporcionados por profesionales o por ciudadanos, pero no creo que el soporte más adecuado para el “periodismo ciudadano” sean los medios tradicionales sino la distribución libre en la web, sea cual sea su formato.

  3. Abel Salinas ha dit:

    Interesante Sr Bernad. Entonces en este punto usted aboga por un periodismo desde el margen del poder de la prensa. Fronterizo con el activismo social. Lo que llamamos periodismo3.0. Puede que sea uno de los lugares para la subjetividad, la falta de control y la anhelada independencia de la que usted hablaba. Algo así como la democratización de la información. Pero lo que hacen los blogs actualmente es periodismo escrito convertido a web. Son pocas las experiencias en que se logra una comunicación distinta, el llamado ‘Digital Storytelling’, es decir, contar historias de una manera interactiva, multimedial e hipertextual. Esto sin duda cambiará y acabará transformando radicalmente la sociedad que todos nosotros hemos conocido hasta hoy.
    Imagino que compartirán conmigo que ahora estamos más preparadas para plantearnos redes sociales de informacióque sin por eso poner en peligro como otros abogan el periodismo profesional que seguirá siendo siempre el nexo político con la sociedad, son ellos los que legitimando la información la convierten en comunicación.
    Pero ahora mi pregunta va dirigida al señor Ramonet ¿cree usted en los ciber ciudadanos? ¿cree usted que habrá una ciberdemocracia informativa?¿no son los poderes económicos los verdaderos culpables de esta crisis de la libertad de prensa?

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